INVENTARIO DE IDEAS
sábado, 17 de diciembre de 2011
El jardín de la transformación
“Marianne Franke-Gricksch sugiere que de vez en cuando, durante los viajes mentales de relajación por el cuerpo, las personas imaginen que entran en un jardín de transformación. En este espacio natural uno se da permiso para transformarse en lo que quiera: en un poco de hierba que se balancea con la brisa, en trozos de granito inamovibles, en gigantes que corren por el jardín, en pájaros de colores que vuelan por encima de las nubes. Es una forma sencilla de favorecer estados de ánimo positivos que nutren químicamente al cerebro, relajan el cuerpo y permiten refugiarse de la dureza de la vida diaria. Se trata de aprovechar el poder de la imaginación para alentar un intercambio cálido y reconfortante entre la realidad diaria y la realidad imaginada”.
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Marianne Franke-Gricksch también sugiere que cada día, mediante la relajación, nos centremos en una área concreta del cuerpo; por ejemplo en la parte inferior del cuerpo. Así, sentados y con los pies apoyados en el suelo, sentimos mentalmente y físicamente los dedos de los pies, las piernas, las rodilla y finalmente los muslos. Reconocemos si un miembro del cuerpo está más relajado que otro, o más tenso. Si sentimos frío o calor en un lugar especifico, si las plantas de los pies están cómodamente apoyadas en el suelo.
Cuando se logra hacer este recorrido por la parte elegida, entonces se combina con la respiración. Respiramos de forma que el aire penetre hasta el último rincón de nuestro cuerpo, dejando que el aire llene el estómago e invada y relaje cada miembro del cuerpo. Se puede visualizar con colores o con imágenes, cómo el aire entra y sale del cuerpo.
Cuando hacemos el ejercicio con soltura, podemos visualizar órganos internos. Marianne resalta como invita a sus alumnos a visitar, por ejemplo, su corazón. Ellos entran mentalmente en ese órgano, lo miran, lo escuchan latir, se familiarizan con las sensaciones que experimentan. Durante la visita imaginaria al corazón, podemos imaginar que hacemos cosas prácticas, como encender una vela para poder escudriñar ese lugar oscuro.
Familiarizarse con el cuerpo y sus órganos, lograr hacer este viaje mental y comprobar cómo somos capaces, al cabo de breve tiempo, de influir de forma rápida en nuestro estado de ánimo o detectar cuándo estamos tensos o preocupados es un primer paso sencillo y eficaz de cara a la coordinación y la armonía entre el cuerpo y la mente.
Elsa Punset, en “La inocencia radical” (ed. Aguilar)
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